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martes, 07 de septiembre de 2010
 
 
QUIERO SER ALÍ BEY
ImageQUIERO SER ALÍ BEY
(Rutas insólitas por África)
Pablo-Ignacio de Dalmases (Ediciones Carena)

Existen muchas maneras de viajar. Hay personas que disfrutan de los viajes organizados, en los que todo está milimetrado de antemano: los lugares que se visitan, los horarios e incluso el tiempo libre. Otros prefieren hacerlo a su propio aire, pero dentro de un orden, con los elementos básicos del periplo prefijados desde el momento de la partida. Y finalmente se encuentra el grupo de los aventureros, que apuestan por dejarlo todo, o casi todo, al azar, con el fin de gozar del placer del descubrimiento de paisajes maravillosos, pueblos escondidos y gentes todavía no maleadas por el turismo de masas. Es a este último colectivo al que dirige el periodista Pablo-Ignacio de Dalmases con su libro QUIERO SER ALÍ BEY (RUTAS INSÓLITAS POR ÁFRICA) que publica EDICIONES CARENA.

Hay que aclarar que QUIERO SER ALÍ BEY no es una guía al uso, sino una colección de relatos de algunos de los viajes realizados por el autor. Es, por tanto, un libro de crónicas periodísticas que apuestan por alejarse de toda suerte de apriorismos y buscan lo que casi nunca se encuentra en las guías típicas y tópicas. De este modo Dalmases propone al lector la visita de algunos puntos de África y Oriente Medio de forma poco convencional y le invita, entre otras cosas, a disfrutar de un trago de grogue  al cálido son de una morna, acudir a la consulta del dentista callejero que atiende a sus clientes en plena plaza de Yemá el Fna, circular por las calles de los hombres y los tejados de las mujeres en un ciudad del desierto, contemplar las huellas que dejó Roma en el litoral norteafricano, participar en el excitante desayuno de los leones de la sabana, compartir con bámbaras y soninkés la vida de un poblado malinés, comprobar cómo se vive en una casa troglodítica… dotada de televisión, dormir en plena selva, mantenerse a flote en las aguas del mar Muerto o dejar que se le dispare la adrenalina mientras huye de la embestida de los hipopótamos.

Dicho de otra manera, Dalmases estimula a dejar buena parte de lo que ocurra al albur y a huir, en todo caso, del mayor peligro que acecha al turista contemporáneo: hacer cientos o miles de kilómetros de distancia para aburrirse como una ostra tomando el sol leyendo el periódico tal cual lo hacen los lagartos en la piscina de un hotel de cinco estrellas.

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